Un torneo, una final, un tiro

1.- El torneo.

Semana intensa la vivida en Málaga, aunque no cumplió con todas las expectativas creadas. No lo tenía fácil, pues a pesar de que en los últimos tiempos los pronósticos previos terminan cumpliéndose, siempre se espera lo mejor para esta peculiar competición. Nada que objetar en cuanto al ambiente festivo, que fue de diez, pero sí que nos quedamos algo cortos en cuanto a grandes partidos. La superioridad mostrada por Real Madrid y Barcelona hizo que sus encuentros no tuviesen mucha historia, a excepción de la resistencia casi heróica del Valencia en semifinales que mantuvo un poco la tensión después del primer cuarto estratosférico de los azulgranas. En lo demás, no hubo exceso de drama si exceptuamos el Valencia-Laboral Kutxa, que trajo la única polémica del torneo en las quejas de los vitorianos hacia el arbitraje o el desplome de los anfitriones Unicaja ante el CAI, que puso de nuevo de manifiesto las dificultades que tienen los equipos de casa en navegar por un torneo en donde el factor cancha tiene muy poca incidencia. Después de tres días algo descafeinados, todo quedó a expensas de la final para poder hacer balance, y esta no sólo no defraudó, sino que deparó un encuentro fantástico.

– La crónica de Iturriaga

2.- La final.

Real Madrid y Barcelona honraron su histórica rivalidad y reivindicaron el baloncesto con un partido monumental del que ambos salieron reforzados. Llegaba el Madrid impoluto y favorito, pero el Barcelona supo, una vez más, llevar el partido por donde le convenía. Dominó el tempo, la custodia del balón y el juego interior, llevó la iniciativa prácticamente durante todo el partido, resucitó en el último minuto cuando todo parecía perdido con siete puntos de desventaja y se vio ganador con el 2+1 de Oleson. Pero perdió. Su desacierto en el tiro libre fue llamativo y crucial, y la nula incidencia de Navarro aún más. A Juan Carlos le aplicaron una vigilancia extrema de la que no pudo zafarse nunca y dejó un -3 de valoración pocas veces visto, y más en un encuentro de esta enjundia. Pero por ser positivos, más que perderlo el Barcelona, lo ganó un Madrid sufrido, inferior debajo de las canastas pero paciente en la adversidad. Irregular, nunca perdió la calma. Rudy y Mirotic lo mantuvieron, Sergio Rodríguez y Felipe Reyes firmaron acciones clave y después de 39 minutos y 52 segundos, todo quedó reducido, a una jugada después del tiro libre de Oleson.

 – La crónica de Iturriaga

3.- El tiro

No parecía Sergio Llull el hombre destinado ni las manos más seguras para decidir el título después de un partido donde seguramente vaciado en la persecución de Navarro, dejó poco rastro en el juego ofensivo del Real Madrid. No pudo correr el campo como acostumbra y llevaba 3 de 8 en tiros (0 de 3 en triples). De la misma forma tampoco había dudas de que si lo tenía que hacer, no dudaría, pues no es hombre que se esconda. Todo lo contrario. Su historial de jugadas postreras es amplio, aciertos y desaciertos incluidos. Pero el caso es que el Barcelona defendió bien la primera opción, un ‘yo me lo guiso, yo me lo como’ de Sergio Rodríguez, pero en el camino se desajustó lo suficiente como para que en el último suspiro, el Chacho se redimiese de su tremendo anterior error al perder una pelota de forma impropia, y encontrase a su tocayo libre de marca. El balón le llegó a Llull a un altura un poco baja de lo ideal, pero esto no importó. Se levantó como un vela y ya sabemos todos como terminó.
Quizás esta Copa no pasará la historia por sus sorpresas ni por el número de grandes partidos, pero los anales ya tienen registrado un nuevo tiro inolvidable. El que hizo a Sergio Llull apropiarse de casi todos los futuros recuerdos, pues la Copa 2014 pasó, en un instante, a denominarse la Copa del tiro de Llull.

 – La crónica de Iturriaga