Un líder, un estreno y una preocupación

1- El Madrid se queda solo.

Partido grande en Las Palmas, y más después de producirse la derrota del Barcelona en Bilbao, pues el que se llevase la victoria podría fardar de liderazgo no compartido. Herbalife logró llevar el partido a donde le convenía, sin dejar coger vuelto al juego del Madrid, que ya sabe todo el mundo cómo se las gasta cuando le dejan espacio. Pero no fue suficiente y le faltó algo más de acierto en los triples (4 de 25) y quizás que Carroll, importante en el último cuarto, hubiese vestido de amarillo como antaño. Seis jornadas y comienza el “a ver quien le pone el cascabel al gato”, o dicho de otra forma, quién es capaz de vencer a este Real Madrid que se muestra tan potente y confiado. La temporada pasada la caza llegó hasta la jornada 15, cuando el Barcelona, con un estratosférico partido de Navarro, pudo ganarle en el Palau. Este año, reforzado el equipo y con un año más de convivencia y trabajo, parece incluso más difícil el reto para sus adversarios.

– La crónica de Iturriaga

2- Punto de inflexión.

Dos caminos bien diferentes se cruzaron el domingo en Miribilla. El del Barcelona, limpio de polvo y paja, y el del Bilbao Basket, bien diferente, pleno de frustración. A la hora de la verdad, ninguno cumplió con su historial reciente. Los de negro, que estrenaron su casillero de triunfos, se dieron un baño de autoestima a través de un inteligente ejercicio defensivo, donde a riesgo de sufrir desperfectos desde el exterior, lograron hacer desaparecer el juego interior azulgrana, ineficaz hasta extremos no vistos anteriormente. Empujados por la valentía de Bertans, que sostuvo al equipo durante muchos minutos y comprobado por enésima vez el descomunal talento de Raúl López, el BB y su fiel afición entendieron que nada mejor que una victoria ante todo un Barcelona para comenzar a revertir una situación que se estaba volviendo muy incómoda. Los azulgranas, por su parte, padecieron todo el partido de un contraste exagerado entre el acierto de sus lanzadores de distancia y la casi nula producción en los alrededores de la canasta. Si el baloncesto es un juego de equilibrios, la derrota culé debe entenderse como una penitencia coherente ante un desfase excesivo. Y más si tenemos en cuenta que los hombres altos del Bilbao Basket son los que son y son como son.

 – La crónica de Iturriaga

3- Un número preocupante.

Leo en el AS que un 72,4% de los jugadores de la Liga Endesa lleva menos de dos años en sus equipos y un 44,2% viven su primera temporada, lo que habla de una constante renovación (bueno, más que renovación, revolución) de la mayoría de las plantillas de nuestra liga. La media de permanencia es de 2,3 años, y son el Madrid y el Barcelona los que más alto promedian, 3,6 los madridistas, 3,5 los azulgranas, aunque el reparto blanco es más homogéneo, pues en el caso del Barça los 16 años de Navarro y los 10 de Sada inciden mucho en la media. El dato no es bueno ni mucho menos, pues por un lado obliga a reconstrucciones anuales y ya sabemos que el tránsito para convertir un grupo de jugadores en un equipo lleva su tiempo (con este trajín demasiados proyectos terminan antes de poder consolidarse) y por otro dificulta una de las claves para la comunión de equipos y aficiones, que es la identificación. La solución a esta problemática no es fácil pues intervienen muchos factores, desde los deportivos hasta los económicos, pero lo que sí tengo claro que esta excesiva movilidad de jugadores de un lado para otro no ayuda y que ese camino es equivocado. Ahora que se debate tanto sobre modelos que mejoren la competición, no se debería olvidar este hecho estadístico y en la medida que sea posible intentarlo subsanarlo en el futuro.

 – La crónica de Iturriaga