Un rescate, una tarjeta de visita y un milagro con antecedentes

1- Al rescate.

Uno de los grandes focos de atención de la jornada estaba en Zaragoza. La semana fatídica del Real Madrid (tres derrotas consecutivas en casa en siete días) había descolocado el hasta ahora plácido universo blanco y una exigente pista como la del CAI, donde sólo han podido ganar Barça y Estudiantes, suponía una buena oportunidad para diagnosticar al paciente. Desde luego que se notó el efecto pernicioso que tienen las derrotas, sobre todo en equipo no acostumbrados a ellas, y durante buena parte del partido el Madrid chocó con algunos de sus actuales déficits. La mala puntería, la dificultad para imponer un alto ritmo al juego y algunos jugadores principales sin la finura de antes. Pero al final el Madrid pudo tomarse un necesario respiro de cara a lo que le viene encima sobre todo en la Euroliga. Eso sí, llamó la atención que quitando el buen hacer de Rudy, algo exigible al jugador franquicia, fuesen dos jugadores como Begic y Carlos Suarez los que resultasen definitivos. Begic se puso las botas en el primer tiempo y Suarez resurgió con cuatro triples cuando el partido se había puesto muy feo para su equipo. Es una buena noticia sumar efectivos, aunque en tiempos de zozobra quizás deberían haber sido otros que en breve tendrán una importancia capital por su protagonismo los llamados a sacar al equipo del atolladero. Sea como fuese, se pudo constatar que el Madrid ha perdido brillo, al menos momentáneamente. No deja de ser lógico, pues no se puede mantener la excelencia durante tiempo indefinido, pero necesita con urgencia recuperarla en un momento clave de la temporada europea. En poco más de una semana sabremos si el bache no ha ido a mayores o si la afición madridista tiene más motivos para preocuparse.

– La crónica de Iturriaga

(ACB Photo/E. Casas)

2- Por si me estabais mirando…

Cuando un equipo grande, se llame como se llame, encadena derrotas, se abona el campo para los rumores. La dinámica suele ser parecida. Se decide uno de los motivos de la crisis, se pone nombre y apellido, y se especula con movimientos futuros para paliarlo. El juego interior del Madrid no ha salido bien parado últimamente, y gente como Slaughter o Hettsheimeir no se han llevado parabienes que se diga. El terreno ya está abonado para elucubrar sobre posibles intenciones del equipo. En Santiago hay un jugador que podría encajar. Además tiene un punto exótico que nunca viene mal. Se llama Salah Mejri y es tunecino. Sale alguna noticia al respecto (Mejri se deja querer por el Real Madrid, titula el Mundo Deportivo el jueves a cuenta de una visita a Santiago de Alberto Herreros) conocemos mejor su historia y se discute un poco sobre el encaje que tendría. El jugador no es ajeno a este rumor pero tira de manual. “Es un honor que me siga un grande, pero hasta final de temporada no decidiré nada”. Y llega el domingo. Y Mejri se sale. 24 puntos, dos tapones, 8 rebotes y 5 mates. Victoria de Blusens sobre Estudiantes y MVP de la jornada para Mejri. ¿Casualidades de la vida? Probablemente. O no, lo que es perfectamente legítimo y entendible. Sea como fuera y por si me estáis mirando, aquí os dejo mi tarjeta de visita.

 – La crónica de Iturriaga

(ACB Photo/J. Marqués)

3- ¿Más fácil o más difícil?.

Todo el mundo da por descendido al Manresa y no es nada personal. No es de extrañar, viendo el desarrollo de la temporada, los problemas de todo tipo que ha padecido y sobre todo las escasísimas victorias conseguidas, 5 en 26 partidos, lo que les obliga como poco a conseguir otras tantas en los ocho encuentros que restan para llegar a la decena, mínimo habitual exigible para la salvación (que puede que sea alguna más). Bien, pues al “Todo el mundo” de inicio de reflexión, hay que colocarle un casi por delante, después de ver lo ocurrido este fin de semana frente al eufórico Uxue Bilbao Basket. El de un entrenador, unos jugadores y una afición que creen, aunque sea mínimamente, en el milagro. Al fin y al cabo, han visto cosas más difíciles. ¿O no? Hace 15 años, en 1998, tiraron por la borda todos los pronósticos y ganaron nada más y nada menos que una Liga derribando uno por uno a toda la aristocracia del momento. Y me imagino a Jaume Ponsarnau, su entrenador, recordándoselo a sus jugadores, o a Ferrán Laviña, el último superviviente, contando batallitas sobre aquella gesta. Y en estas se van a presentar doblemente en Madrid (provincia) para apurar frente al deprimido Estudiantes y luego en Fuenlabrada sus ciertamente escasas posibilidades. Al filo del precipicio, cualquier motivo de esperanza, aunque sea un recuerdo lejano, resulta legítimo.

 – La crónica de Iturriaga

(ACB Photo/Alberch)